Muchos de ustedes han caído en una desesperación no conocida, resultado de la pandemia actual y por la cual estamos recluidos en casa, algunos por voluntad y otros por la prohibición y la falta de actividad social en la geografía donde se ubican.
No es extraño sentir desanimo ante la falta de actividad laboral que venia conformando la rutina diaria, de repente al acumularse las deudas, los pagos, los compromisos propios de una vida necesaria (que no suficiente) se siente una asfixia sin precedente, sudor en frío ante la lejana posibilidad de un pago monetario constante que permita respirar con profundidad como antes del encierro.
La convivencia diaria y forzosa con los personajes de su hogar sin dar tregua para momentos de reflexión y esparcimiento emotivo y social generan una incertidumbre al enfrentarnos con realidades que no conocíamos, la convivencia diaria con las personas mas importantes para nosotros crean vínculos afectivos nuevos y destruyen otros que eran viciosos o nocivos. El darse cuenta de lo mucho o poco que conocemos a nuestra pareja, hijas o hijos es como asomarse al vacío y sentir esa necesidad de arrojarse en él, tal como lo describía Milan Kundera en "La Insoportable Levedad del Ser"
Las circunstancias a las cuales estamos expuestos o mejor dicho estamos aislados, nos revelan emociones exacerbadas que son desconocidas para nosotros y con las cuales debemos de conciliar y reflexionar.
El confinamiento involuntario nos ha permitido darnos cuenta que nadie nos había preparado para situaciones como esta, ni la escuela básica, ni la formación académica engloban respuestas satisfactorias para sobre llevar un encierro de esta magnitud. La TOLERANCIA ha sido y será la mejor herramienta para la convivencia con mas de uno, pero ahora contamos con alternativas para satisfacer nuestras curiosidades sociales como son las redes sociales y servicios de streaming que lejos de ofrecernos un entretenimiento banal, nos ofrecen pequeñas ventanas para curiosear en las vidas de otros ya sean personajes ficticios o reales.
Parece ser que la PACIENCIA debe ser esa balsa a la cual aferrarnos ante el mar de incertidumbre que a veces navegamos, a veces nadamos, a veces nos arrojamos y otras tantas nos ahogamos.
Suerte y mucho animo en sus océanos particulares.

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